por Elena López Cámara / 22 de Enero de 2009
A finales del siglo XIX nace la necesidad de crear la profesión de anunciante, puesto que ya existen monopolios como ROCKEFELLER (petróleo), CARNEGIE (acero), MORGAN (banca), RITZ (hostelería), HEARTS (periodismo), ASTOR (inmobiliaria) y COINTREAU o PERNAUD (licores). Los medios dejan la venta de espacio para publicidad en manos de una nueva figura el “agente de anuncios” o “el agente de periódicos”, persona al servicio de los diarios que recibía comisión por colocar publicidad en sus páginas.