Los números usados actualmente en las direcciones IP van desde 0.0.0.0 a 255.255.255.255, aunque algunos de estos valores están reservados para propósitos específicos. Esto nos proporciona bastantes posibilidades para que cada dispositivo de Internet tenga su propio número permanente, y el servidor Dynamic Host Configuration Protocol (DHCP) da a los clientes direcciones IP dinámicas que se reciclan cuando expira su período de uso.
Antes de alcanzar esos valores, esos números decimales han sido previamente convertidos desde el sistema binario. Una dirección IP se compone de 32 bits o dígitos binarios, esto es, una fila de 32 ceros y unos. Con esta cantidad, habremos de codificar 2 elevado a 32 direcciones IP distintas. Esos 32 bits están divididos en 4 grupos de 8 bits cada uno (4 bytes en total, porque un byte son 8 bits). Por lo tanto, tenemos 256 combinaciones posibles para cada grupo (2 elevado a 8).
Sin embargo, una dirección IP no desempeña ninguna función de conectividad entre ordenadores por sí sola, por lo que necesita de un protocolo que sí propocione esa conectividad. Por eso siempre oímos hablar del protocolo TCP/IP, encargado de comprobar que no se pierden paquetes de tráfico entre dos máquinas. A parte de TCP, existen también otros protocolos como UDP (igual que el anterior pero sin controlar la ‘conversación’) o ICMP (control de red).